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Día 1: Pamplona – Torres del Rio (84 km)

¡Empieza la aventura!
Me levanto nervioso y con ganas y salgo del Hostel dónde me alojé la primera noche en
Pamplona casi corriendo. A la salida, va mi primer sello en la credencial. El encargado del
hostel me mira raro por salir a hacer el camino con una bici de doble suspensión para hacer
el “camino”, por camino, no por carretera (O al menos, esa es la primera intención)… y es el
primero en decir: ¡Buen camino!

Me cuesta un poco llegar al casco antiguo y encontrar las primeras flechas. Frente al
ayuntamiento, hago la foto inaugural de mi camino y empiezo a seguir conchas y flechas
amarillas.



Esta foto me la hace un señor chino de tantos que van viajando en grupo. Me los encontraré
varias veces en distintos puntos del camino, ya que lo van siguiendo en autocar.

A la salida de Pamplona, por la universidad, ¡empiezo a ver el primer tramo de camino! Aquí
ya me empiezo a cruzar con peregrinos, y empieza a ser más normal lo de ir escuchando buen
camino. A la salida de Pamplona, el camino es de tierra, va pasando por varios pueblecitos,
hasta que empieza a complicarse. Algún tramo de calzada romana, seguido de un sube y baja
continuo.



A medida que pasan las dos-tres primeras horas, empieza a subir el sol, y pinta un día muy
soleado. La subida al alto del perdón, es más corta, pero más difícil de lo que me pensaba.
La piedra que hay en el camino hace que las ruedas patinen y que más de una vez tenga
que poner pie a tierra. También afecta la falta de costumbre de subir con alforjas detrás…



En el alto del perdón, hago la clásica foto al monumento a los peregrinos y su evolución, y sigo
el camino. Aquí, un ciclista local me dice que mejor que baje por carretera, que por el camino
es peligroso y que justo el día de antes un ciclista tuvo que recoger los dientes por un árbol
caído en medio del camino… Así que, pienso en que quiero llegar a Santiago, y me tiro por
carretera.

Aquí se ganan muchos kilómetros hasta llegar a Puente la Reina, un pueblo más o menos
grande, punto final de ruta de peregrinos a pié, con un puente románico alucinante. (Me cuesta
creer que lleve más de 500 años en pié..).



Sigo el camino, con mucho sol, mucho calor, y me va costando cada vez más ir superando los
pequeños repechones que van saliendo. Este tramo, hasta Estella, siguiendo el camino, sigue
por tramos de calzada romana y algunas escaleras, por lo que toca poner pie a tierra y cargar
la bici. Aunque creo que la paliza vale la pena por el paisaje que te rodea.
Cerca del medio día llego a Estella, pongo mi segundo sello en un albergue a reventar de
peregrinos y vuelvo a la ruta.

Poco después, en Irache, se encuentra la fuente de agua y vino (que sale de una bodega).
Aquí me encuentro con Andi y Rubén, un alemán y un gallego que salieron el día de antes
de Jean Pied de Port y se conocieron allí mismo. Decido seguir con ellos, ya que llevo 50
kilómetros (pocas veces había hecho tantos) para hacerlos más amenos. El tramo que
continua, lo hacemos por carretera, todo por una carretera nacional que va de Pamplona a
Logroño, y por la que quizás nos adelantan 4 coches en un tramo de 20 kilómetros. Rubén y yo
nos permitimos el “lujo” de rodar en paralelo charlando.

Antes de llegar a Sansol, la carretera hace un sube y baja bastante pesado, que acaba con
mis fuerzas. El sol está dando fuerte, son las 16 de la tarde, y en Torres del Rio, decido parar.
Rubén y Andi deciden que pasarán la noche en Logroño, por lo que nos despedimos (aunque
no por mucho tiempo).

84 km!! En la vida hubiera imaginado que haría tanto, ni que cansaría tanto…
Torres del Rio es un pueblo muy pequeño con un albergue. Es un sitio en los que parece
que el tiempo no pasa, y en el que se respira tranquilidad. El albergue no está nada mal,
aunque después me daré cuenta que es de los más caros que encontraré en el camino.

Me dedico a dormir, comer algo y descansar, no estoy para pasear en mi primer día, estoy
exhausto! Y a las 7 de la tarde voy a cenar mi primer menú del peregrino: por 9€ plato de
pasta, filetes de lomo con patatas y pimientos, pan agua bebida y postre… Voy a cenar solo,
pero solo hay mesas grandes con mucha gente. A los 5 minutos, delante de mí se sienta
Carlo, un italiano recién jubilado que me dice: hello my friend! Y empezamos a hablar sobre
economía, trabajo, la vida en Milán y en Barcelona… O al menos lo intentamos, que mi nivel de
inglés, y la pronunciación inglesa-italiana…

Después de hacer la digestión, a las 9 y poco, decido a irme a la cama. Es mi primer día y
estoy exhausto…







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