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Día 5: Carrión de los Condes – León (108km)

Amanece lloviendo, pero confiamos en que no durará mucho, y así fue. Después de las tostadas, el café con leche y el zumo de naranja (pro 3€) empezamos la ruta. Hasta la entrada de León, la ruta se presenta toda llana…

Del camino no recuerdo demasiado, buena media de velocidad, algo de frío al principio…

En unas ruinas me reencuentro con César y Paco, los peregrinos experimentados que me encontré al segundo día. Después de una charla, seguimos el camino, aunque el mismo día nos reencontramos un montón de veces.



Después de parar en un pueblo a desayunar los víveres que llevamos en la mochila, salimos del Burgo Ranero acompañado del canto de las ranas.


Esta etapa tiene marcados algunos recorridos recomendados para ciclistas, asfaltados y con muy poco tráfico, lo que hace fácil avanzar.



A destacar, antes de llegar a León, un pueblecito con un bar hippie-okupa (parece que viva una comuna), todo pintado de firmas de gente, tanto por dentro como por fuera, que lo lleva un tipo canijo delgado con una txapela en la cabeza que sirve a la gente entre risas con Bob Marley de fondo. Pides una tapa de chorizo, una de queso, unas cañas, y el precio lo pone a ojo… pero nada que te vaya a arruinar!

Como en todas las grandes ciudades, al llegar cruzas montones de zonas industriales, carreteras… Se hace raro ver tanta civilización después de dos días viendo llanuras.

Llegar al centro histórico de León es bastante sencillo, y sin darnos cuenta nos plantamos en frente de la catedral. ¡Es una pasada! Al llegar, un grupo de reporteros nos hacen una entrevista para una revista local de León que promociona el turismo de la ciudad (en la tele y después de 102 km con estas pintas!). Aquí nos encontramos con un bicigrino que va por libre de Lleida, un grupo que empezó hace poco de Cantabria, y muchísimos peregrinos a pié.



En la cola del albergue de monjas (sin duda, el peor que he estado en todo el camino) se nota la cantidad que el final está solo a 300km y la cantidad de peregrinos que eligen León como inicio de ruta. La habitación parece un cuartel de guerra, no tiene ventilación y se respira un ambiente… Encima, ojo cuando eches el donativo en la ducha, que si te vigilan te tirarán indirectas de que no reciben subvenciones públicas… (con la Iglesia hemos topado).

León es una fiesta. Es 1 de mayo y hay muchísimas celebraciones del día del trabajador de sindicatos, de grupos de inmigrantes, un grupo de chicas de despedida de soltera que nos hacen adivinar su nombre con movimientos un tanto extraños… Los bares y las calles están reventadas de gente.

 Tarde de paseo, visitar la catedral, el barrio húmedo, un Palacio de Gaudí, cañas, helados y de cena, menú por 9€ con tres platos, vino y postre.



A las 9 y media en el albergue ya que las monjas cierran para que vayas a misa. Rubén le dijo a una monja que iríamos a la misa. Yo le reproché, que por mentir a una monja Dios nos castigaría, y ya se verá…  Encienden las luces y hacen la llamada a la oración, a la que alguno responde que es budista o que no cree en nada, y el resto se ríe. Sobretodos, los que han aprovechado la fiesta de la tarde en León.

Aquí conocemos a Ricardo, otro ciclista de Madrid, que iba con un compañero suyo que se tiene que volver porque se ha puesto malo…

Después de unos cigarros, pronto a dormir, que si no al día siguiente nos quedamos sin desayuno…



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